lunes, 26 de mayo de 2014

Cuando tú pensabas

Tengo como complemento infinitas palabras acumuladas. Verme convertida en instinto. Olor a niebla. Escucharte tararear desde el baño. La perra que aúlla al vernos. Las emociones primas. Las aspas de tu voz. El café con efecto despertador. Creer que vemos de lejos. La terraza abierta. Que me dé igual hacer lo que quiero. Recoger los abrigos que usaré en invierno. Que exista un Dios en otra galaxia. El peso que eres tú en mi. El efecto de un maullido. El mundo se va a caer un día de éstos. Deducir páginas de libros que aún no leí. Que me hables mientras duermo. Llevamos el cabello suelto. Disimular. Latir. Fluír. No parar de hablar. La clave está en la insistencia. Desear cada vez menos. No estar enamorada de ti por amarte. Pedir siempre los mismos deseos. Romper un vaso que se quiebra. Tu mirada me sonroja. La crema de calabacín. Los calcetines mojados. Los márgenes de las nubes. Caernos al intentar un tango. Me despierta tu risa. Formamos una familia. Arraigamos y arrollamos. Encontramos tráfico. Escuchar. Entender por qué estoy aquí. Dejar de escribir por obligación. El sudor cayendo por algún lejano rincón de mi cuerpo. El vino blanco. El abrazo de un buen amigo. Ocho infinitos. Vamos y venimos. Montañas de temarios. La vida no era tan corta. Pasó el tiempo. Y no regresé. No me arrepentí. O hago menos poesía o la veo en todas partes. Sigo alimentando a veces mis penas. Sentir vergüenza de decir.  Leer doscientas páginas del tirón. Saber arrancar, saber avanzar. Me fui yendo hasta que me fuí.

En millones de siglos la poesía por instinto persiste.

Pero ya no la
necesito, no, 
no la llevo a
cuestas conmigo,
dejo que
me encuentre
estando en casa.
Dejo que resida
en un mundo que
no me molesta,
que a veces me
saca a bailar,
y que a veces,
descarto sin más.

martes, 4 de marzo de 2014

Lírica en la tierra

Cómo decirte
que yo no sé nunca
llevar bien las despedidas.
Siento las arrugas
de tu mano mientras
como mariposa,
se posa en mi mejilla.
El viento te azota
los andares.
Mechones de cabello
se revuelven
entre las esquinas
de la neblina.
Te indica la dirección
que no deberías tomar.
¡De repente,
escucha la música!
susurros de armónica
por los tejados,
restos sonrisas
de alguien aplaudiendo
por la calles..
mi hogar sin techo
que anhela deleitarse
con tus dedos artistas
encima de esa guitarra.
Déjame presentirte,
no me hagas
malgastar este
poco tiempo
que resta,
no ofendes
al provocar al
escalofrío.
Regresa a casa
como si dieras
vueltas por el
espacio,
tuerce de mueca
esa sonrisa
deliciosa,
siente que
la felicidad está
esperándote..
yo al irte
sólamente prendí
un cigarrillo,
ya ves cómo
desaproveché
tu ausencia,
y es que confío
que en uno
de estos
parpadeos,
quizás en el
proximo intento
de volver al río
de lo que es
la vida,
el humo me devuelva
a la hipnosis
de verte venir,
de fijar la vista
en tu andar descalzo,
en tus escritos
por el suelo,
en tus miradas agazapadas,
en ésa boca..
en los maravillosos
muslos huesudos,
en tu ombligo perfecto.
Es la melodía
que tararean
mis pensamientos,
tu amor que me repite,
tu amor que me ciega,
tu amor hiperactivo,
tu amor invariable,
tu amor que
ha conquistado
la defensa de mis palabras
por hasta olvidarme
de usarlas.
No me salves
entonces
de las despedidas,
simplemente,
sigue con la música.

viernes, 14 de febrero de 2014

Atracción gemelar

Los misterios
se pueden ver
a plena luz del sol.
Surfean por el oleaje
de tus ojos mientras
me observas.
Me arrodillo ante ti,
diosa del amor,
y aún así no los lees.
Huele mi pecho,
cerciora los latidos
de este corazón,
que tocas como
si fuera único.
Déjate agarrar,
presciende del control.
Deja todo tu cuerpo
al descubierto,
para que pueda
tocarlo sin que estés
dentro
de un sueño.
Unas manos me manipulan
y resbalan
por mis muslos
mientras noto
la tierra girar
bajo mis pies menudos.
Ojos en blanco,
rojo volcán
manchando tus labios,
dos cuerpos sensuales
moviéndonos al unísono
del respirar
y las energías.
Aire frío,
se acerca,
tu respiración
se entrecorta,
el amor arde
y se recrea
en el fuego al que
pertenece
convirtiéndome en
un tapujo de anhelos
que busca imantar
tu cuerpo a mis ganas,
cazarte de un mordisco,
¡envolverte de amor y deseo!
Recuérdanos así,
bajo el sonido
de tu risa,
llenas de dicha,
húmedas entre la cascada
oscura que es tu pelo
sobre mi desnudo.
Agótanos tiempo,
qué no me da miedo
envejecer a tu lado.
Qué el tiempo
me deje conservar
en la memoria
la forma en que
retenienes la fuerza
en tus párpados
cada vez
que te beso.
Un sonido solitario
me advierte.
Enloquecer
despacio
es aún más dañino,
pero te sigues
acercando,
me palpas y aciertas,
nos volvemos infinito
y este huracán
no se detiene.
Caemos rendidas,
te clavo
en los ojos
la flecha,
un puñado
de palabras
te aceleran:
debes estar
en mi vida,
así que
quédate.

lunes, 3 de febrero de 2014

Febrero tuvo que planearlo

Te emocionaste
viendo aquella escena
mientras yo,
con mis complejos
de "voyeur" primeriza,
y temblando,
permanecía en las sombras
procurando hacer
que las palabras surgieran
fácilmente para decir
algo así como:
"déjame abrazarte, vida"
nadie nunca ha huído
de ninguno de mis abrazos.
Pero ni siquiera me miraste
y ya esbozaste una mueca
propio de la experiencia,
susurrándome:
"¿no vas a cansarte de mirar?"
Recuerdo que sobre mi
se alzaban los suburbios,
y terminé por emocionarme
también.
¡Cuántas veces me dijeron
que no era el momento adecuado,
por miedo a vivirlo!
¡Cuántas veces memoricé eso
de que no lo merecía!
Pero ahí estabas tú,
ahí estaba tu mano
acariciando el hemisferio
derecho de mi rostro,
ahí estaba tu silueta
confundida con las
gotas de lluvia,
ahí seguías,
convenciéndome
de que habías venido
para quedarte,
de que era el momento,
el momento preciso,
para empezar junto a ti.
Bajo las sábanas,
las caricias nos
cortaban la respiración,
la piel sudada nos hacía
sentir necesidad por
el cuerpo ajeno,
mientras tu cabello largo,
negro,
láceo,
conquistaba a un paso
demasiado rápido como
para evitar
someterme a cualquiera
de tus encantos.
Te aferraste a mi
y me abrazaste
como quién abraza
a quién es una prioridad,
y dejé que las lágrimas
me desahogaran.
Fue esa noche,
que no recordé el pasado.
Fuiste tú,
quién me ha
arrancado de él,
y no me da lástima
dejarlo para siempre
solitario.
Te escucho ahora,
mientras me preparas
el desayuno,
que no hay nada
qué perder,
que has forjado
en mí y con medalla dorada,
las olimpíadas de tu corazón.
Así que era cierto,
eso de que no llegaría
tarde el amor,
para esperarlo.
Ahí sigues tú,
rondando por mi cocina,
alzando mi nombre para llenarme
el estómago... y el alma.