martes, 2 de diciembre de 2014

No lo sabía

Siento el peso
de mi cuerpo
declive al presente
de los días.
Cuando debo
comer, como.
Cuando duermo,
a menudo sueño.
Y sueño contigo
igual que sueño
con otros.
Agudizo el oído
cuando me hablas,
me vuelvo tacto cuando
algo me roza.
Aceptar que
tener la cabeza
en los paraísos
que quisiera
me hace perder retales
de lo que vivo hoy.
Detalles como
ésa sonrisa
que luego dices
extrañas,
el sabor de tu piel,
la fricción de mis pies
cuando pienso
qué escribir,
o de repente,
ojos que me amarran,
ojos que saben que
no han olvidado.
Sentir el viento
en los hombros,
diferente a la
última vez.
Hacer cosas que
pensaba que no me
gustarían, como
caminar a oscuras,
con los pies mojados
a ras de mareas,
expuesta al espíritu
de luna que provoca
en mi nostalgia
y qué sé más.
Invertir mi tiempo
en presentarme por
sorpresa en lugares
donde no había
estado.
Soñar despierta
como hacía
sin salir malherida.
No vivir angustiada
por ahorrar.
Vivir diciembre
como si estuvieras
conmigo.
Que los vientos
me lleven,
que la pasión
siga de acuerdo
en llevármela consigo,
que desnudarme
me sea tan sencillo
como no me lo fue
antes.
Que no nos falte
el café con leche,
que el corazón
no sea tan difícil
de entender.
Que el calor
que hay en ti
arda, pues sólo
debes incendiar
la llama,
a la espera de
que el incendio
que tome poder ante ti,
no te haga enmudecer.
Aquello que vives,
apréndelo cuanto antes,
no vuelve.

miércoles, 1 de octubre de 2014

Veneno que no mata

En otras tierras
donde otra vida
dormita cubierta
bajo los colmillos
de una muerte hambrienta,
fui zurda de ojo.
Mezclados
el alma de mi alma
con la inocencia perdida
resucité en la modernidad.
Indago sobre
si esta alma nueva
se le parece en algo,
porque lo de zurda
todavía no se me ha ido.
Una sola flecha
perdura en el arco
que he recibido
de tus manos.
Nadie va a evitar
que me adentre
en el revivir
tan excitante
que me provoca
la caricia
de la flecha
que vibra bajo
esas falanges,
justo cuando
la clavo en el margen
del blanco,
desapegada por completo
del dominio
que mantengo
y que tú llamarías prudencia.
En otras vidas
tendrías la medicina
que me volvería loca.
En otro continente
tocarías para mi.
Un quizás descartado,
un déjalo estar,
un no estás hecha
para ser atravesada,
una presa que no interesa,
un "ya me está bien así".
Lejos, quizá
en el paraíso,
algún día aprendas
a no jugar
con ángeles que conocen
las quemazones
del infierno.
Al apostar en vida
por el destino
en el que creía,
descubrí sin querer
un libre albedrío.
No había nada
escrito sobre mi,
una flecha
no reclamaría
al arte,
la vida era reactiva,
no te llevaste nada
que me perteneciera.
La causa de habernos
encontrado,
no fue otra
que la de saber
lo que es ganar
cuando te han perdido.
Los monstruos
jugarán a brillar
en mis ojos,
pero ellos
no saben que
en esos ojos míos
ya no queda nada,
nada que robarme,
nada que usar,
nada que puedas descubrir.

miércoles, 24 de septiembre de 2014

Camino cerca, existo lejos

Una misma
posibilidad existe
de que pueda ver
en las mañanas
una oropéndola posarse.
La misma posibilidad
que sería coincidir
en la ciudad
que se fue junto
a mis pasos.
Una sola oportunidad
de que mi corazón
se detenga,
de que escriba
en función de lo
que me apetezca
estar cerca.
Fue la misma
posibilidad
la que nace y muere.
La misma condenada
a un silencio que
aún conquistar la letra
no importuna.
Quizás, en esa posibilidad,
escuchaste sin saberlo
mis silencios,
quizás, el único
en suspirar en ellos.
Renace la posibilidad
cada vez que reaparezco.
Lo que tuve
no lo volveré
a conseguir.
Así que dime
si te han dicho algo
mis manos alguna vez.
Si temblaban al tener
la oportunidad de
un contacto
o si fue del frío
que me empapaba
siempre que nos separamos.
Mi suspiro
se ha acabado,
me he caído
en el bostezo
te he seguido
hasta donde te prometí.
En esa posibilidad
que ni yo debí
conocer,
las sombras se detendrán,
me callarás la boca,
y veremos la gracia
que tiene
ver que todo
después del sufrir del día,
regresa a la vida
bajo tus ojos oscuros.


lunes, 22 de septiembre de 2014

Quiero repetir

Es mejor que
no seas mi perdición.
No es tan difícil prestarle
atención a los detalles
cuando lo he dicho:
no sé estarme quieta.
Es mejor que te resignes,
pues me gusta el juego
de esta fortuna adversa
que cada noche
acecha mi cama,
que cada noche
la misma
me reclama,
que me deja sin voz
en las manos.
Es mejor que aprendas
cuánto antes,
sin alterar los nervios
de una paciencia
que se harta
de mi a menudo,
que es como una alarma
conectada con otras mil
a la vez.
Instinto anhelante, responde,
¿dónde se hospeda
tu presa?
¿dónde en mis colmillos
se haya el desconcierto?
Es mejor que no entres
en mi vida
convenciéndome,
en los menús
me gusta elegir.
Mejor no escoger al amor
que convive entre
mi vientre
y tu ombligo.
Ya sabes
que es peligroso
salir segura de
la casilla de parchís
sin atentar.
Es mejor que no uses
poesías, ni te guardes
palabras con las que
derretirme después.
Porque,
si insistes,
te diré que
mejor estar
convencida,
que es mejor
que hayas probado
el infortunio de
otros menesteres,
que es lo mejor
para las dos,
que sepas
lo que haces,
porque conmigo,
ese montón de cosas,
los cuentos chinos,
las realidades que
ya has vivido,
las realidades que
te quedan..
no llenan solamente
páginas blancas
en recuerdos efímeros,
porque ya no me vendo,
porque yo cariño,
yo soy para siempre.