martes, 4 de marzo de 2014

Lírica en la tierra

Cómo decirte
que yo no sé nunca
llevar bien las despedidas.
Siento las arrugas
de tu mano mientras
como mariposa,
se posa en mi mejilla.
El viento te azota
los andares.
Mechones de cabello
se revuelven
entre las esquinas
de la neblina.
Te indica la dirección
que no deberías tomar.
¡De repente,
escucha la música!
susurros de armónica
por los tejados,
restos sonrisas
de alguien aplaudiendo
por la calles..
mi hogar sin techo
que anhela deleitarse
con tus dedos artistas
encima de esa guitarra.
Déjame presentirte,
no me hagas
malgastar este
poco tiempo
que resta,
no ofendes
al provocar al
escalofrío.
Regresa a casa
como si dieras
vueltas por el
espacio,
tuerce de mueca
esa sonrisa
deliciosa,
siente que
la felicidad está
esperándote..
yo al irte
sólamente prendí
un cigarrillo,
ya ves cómo
desaproveché
tu ausencia,
y es que confío
que en uno
de estos
parpadeos,
quizás en el
proximo intento
de volver al río
de lo que es
la vida,
el humo me devuelva
a la hipnosis
de verte venir,
de fijar la vista
en tu andar descalzo,
en tus escritos
por el suelo,
en tus miradas agazapadas,
en ésa boca..
en los maravillosos
muslos huesudos,
en tu ombligo perfecto.
Es la melodía
que tararean
mis pensamientos,
tu amor que me repite,
tu amor que me ciega,
tu amor hiperactivo,
tu amor invariable,
tu amor que
ha conquistado
la defensa de mis palabras
por hasta olvidarme
de usarlas.
No me salves
entonces
de las despedidas,
simplemente,
sigue con la música.

viernes, 14 de febrero de 2014

Atracción gemelar

Los misterios
se pueden ver
a plena luz del sol.
Surfean por el oleaje
de tus ojos mientras
me observas.
Me arrodillo ante ti,
diosa del amor,
y aún así no los lees.
Huele mi pecho,
cerciora los latidos
de este corazón,
que tocas como
si fuera único.
Déjate agarrar,
presciende del control.
Deja todo tu cuerpo
al descubierto,
para que pueda
tocarlo sin que estés
dentro
de un sueño.
Unas manos me manipulan
y resbalan
por mis muslos
mientras noto
la tierra girar
bajo mis pies menudos.
Ojos en blanco,
rojo volcán
manchando tus labios,
dos cuerpos sensuales
moviéndonos al unísono
del respirar
y las energías.
Aire frío,
se acerca,
tu respiración
se entrecorta,
el amor arde
y se recrea
en el fuego al que
pertenece
convirtiéndome en
un tapujo de anhelos
que busca imantar
tu cuerpo a mis ganas,
cazarte de un mordisco,
¡envolverte de amor y deseo!
Recuérdanos así,
bajo el sonido
de tu risa,
llenas de dicha,
húmedas entre la cascada
oscura que es tu pelo
sobre mi desnudo.
Agótanos tiempo,
qué no me da miedo
envejecer a tu lado.
Qué el tiempo
me deje conservar
en la memoria
la forma en que
retenienes la fuerza
en tus párpados
cada vez
que te beso.
Un sonido solitario
me advierte.
Enloquecer
despacio
es aún más dañino,
pero te sigues
acercando,
me palpas y aciertas,
nos volvemos infinito
y este huracán
no se detiene.
Caemos rendidas,
te clavo
en los ojos
la flecha,
un puñado
de palabras
te aceleran:
debes estar
en mi vida,
así que
quédate.

lunes, 3 de febrero de 2014

Febrero tuvo que planearlo

Te emocionaste
viendo aquella escena
mientras yo,
con mis complejos
de "voyeur" primeriza,
y temblando,
permanecía en las sombras
procurando hacer
que las palabras surgieran
fácilmente para decir
algo así como:
"déjame abrazarte, vida"
nadie nunca ha huído
de ninguno de mis abrazos.
Pero ni siquiera me miraste
y ya esbozaste una mueca
propio de la experiencia,
susurrándome:
"¿no vas a cansarte de mirar?"
Recuerdo que sobre mi
se alzaban los suburbios,
y terminé por emocionarme
también.
¡Cuántas veces me dijeron
que no era el momento adecuado,
por miedo a vivirlo!
¡Cuántas veces memoricé eso
de que no lo merecía!
Pero ahí estabas tú,
ahí estaba tu mano
acariciando el hemisferio
derecho de mi rostro,
ahí estaba tu silueta
confundida con las
gotas de lluvia,
ahí seguías,
convenciéndome
de que habías venido
para quedarte,
de que era el momento,
el momento preciso,
para empezar junto a ti.
Bajo las sábanas,
las caricias nos
cortaban la respiración,
la piel sudada nos hacía
sentir necesidad por
el cuerpo ajeno,
mientras tu cabello largo,
negro,
láceo,
conquistaba a un paso
demasiado rápido como
para evitar
someterme a cualquiera
de tus encantos.
Te aferraste a mi
y me abrazaste
como quién abraza
a quién es una prioridad,
y dejé que las lágrimas
me desahogaran.
Fue esa noche,
que no recordé el pasado.
Fuiste tú,
quién me ha
arrancado de él,
y no me da lástima
dejarlo para siempre
solitario.
Te escucho ahora,
mientras me preparas
el desayuno,
que no hay nada
qué perder,
que has forjado
en mí y con medalla dorada,
las olimpíadas de tu corazón.
Así que era cierto,
eso de que no llegaría
tarde el amor,
para esperarlo.
Ahí sigues tú,
rondando por mi cocina,
alzando mi nombre para llenarme
el estómago... y el alma.

miércoles, 22 de enero de 2014

Spica

La vida de reojo,
me pedía más.
Estaba ahí,
delante de aquél ventanal
apoyada sobre
mi brazo,
contemplando la belleza
que el gris
impone al paisaje,
imaginando las ganas del cielo
por explotar a llover,
por devolverme el frío
que tan lejos
de mi cuerpo deseo,
y mi memoria relata.
Ahí, justo en el presente,
me sentía formar parte
del mundo,
me aceleraba el pulso
el aire chocar
y revolverme
la brisa
entre el cabello,
mientras torcía la risa
hacia el lado derecho,
venciéndose a mi.
Alcé la mirada
y huí lejos,
quise alcanzar
la línea que
el horizonte pinta
para recordarme,
esta separación obligada.
Ya no me quedan
preguntas que hacerte
pues he comprendido
que jugar a amar
no es lo mismo
que haberme
sentido feliz
por habernos
amado algo.
Sigo apoyada
a esta ventana,
sabiendo que
andarás arraigada
a un particular ritmo
rápido y despreocupado.
Que estarás en alguna parte,
compartiendo tu vida
con los demás
sin poder barrerme
de los pensamientos,
déjandome como el vino
cuando madura,
reservada.
Siento el frío
que me recuerda
que no debo escribir
porque sí,
pues no es siempre
lo primero que cabalga
por la mente,
lo más inteligente.
Me responde
a la duda,
de cuando
quise desapegarme
 la escritura por
no quierer recordar
que, durante
tiempo immemorial,
escribir era como revivirnos.
Así que ahora que
te alejé tanto
y que no he
vuelto a mirar atrás,
me envuelve
la serenidad de la
de la ausencia
del tormento.
De haber sufrido
por un complot
que me ha hecho valorar
lo que significa
el respeto hacia una misma.
De tener la oportunidad
de vivir de nuevo,
¡de vivir!
y seguir descartando
tus juegos,
tus excusas,
tus búsquedas furtivas
repletas de miedos.
Ya no te juzgo,
ya no me pesa.
La mirada que dejé
perdida me devuelve
a la vida con un parpadeo.
Regreso al ahora.
Entre los colmillos
de la lluvia que
asoman a veces
cuando habla,
un sólo mensaje:
adiós, palabras.
adiós, promesas.
adiós, siete.
olvídalo.

Nota: para ésta poesía en particular, la canción "kandou soshite mirai he"