lunes, 22 de septiembre de 2014

Quiero repetir

Es mejor que
no seas mi perdición.
No es tan difícil prestarle
atención a los detalles
cuando lo he dicho:
no sé estarme quieta.
Es mejor que te resignes,
pues me gusta el juego
de esta fortuna adversa
que cada noche
acecha mi cama,
que cada noche
la misma
me reclama,
que me deja sin voz
en las manos.
Es mejor que aprendas
cuánto antes,
sin alterar los nervios
de una paciencia
que se harta
de mi a menudo,
que es como una alarma
conectada con otras mil
a la vez.
Instinto anhelante, responde,
¿dónde se hospeda
tu presa?
¿dónde en mis colmillos
se haya el desconcierto?
Es mejor que no entres
en mi vida
convenciéndome,
en los menús
me gusta elegir.
Mejor no escoger al amor
que convive entre
mi vientre
y tu ombligo.
Ya sabes
que es peligroso
salir segura de
la casilla de parchís
sin atentar.
Es mejor que no uses
poesías, ni te guardes
palabras con las que
derretirme después.
Porque,
si insistes,
te diré que
mejor estar
convencida,
que es mejor
que hayas probado
el infortunio de
otros menesteres,
que es lo mejor
para las dos,
que sepas
lo que haces,
porque conmigo,
ese montón de cosas,
los cuentos chinos,
las realidades que
ya has vivido,
las realidades que
te quedan..
no llenan solamente
páginas blancas
en recuerdos efímeros,
porque ya no me vendo,
porque yo cariño,
yo soy para siempre.

miércoles, 17 de septiembre de 2014

Mecánico

He visto pigmentos
con los párpados cerrados.
A fuera hace una brisa
que retorna ideas.
Descansa la paz
en el reino
desde que el cachorro
ha caído rendido.
Algo habrá cambiado,
-cuestiono
(hay manías tan arraigadas que no se irán jamás)
porque no veo humo
en el ambiente,
ni huelo a lo lejos familiaridades.
Con el estómago lleno
vuelvo a mi sitio
y sin tener borradores
ni tinteros donde untar nada,
me doy cabezazos
contra una inspiración ausente.
Rebelión efímera que
el vuelo del ave me arrebata
ante mi ensayada presencia.
Y sin embargo,
estas buenas conductas,
no arrojan de mi
la ágil pretensión de
apaciguar los instintos
que van y regresan
de la ilógica que tendría
ir a la búsqueda de tu cuerpo,
que no puede ser mío por un
puñado de horas.
Se me priva el deseo
que tú misma enciendes.
¿Qué hacer entonces,
con la exquisitez del paisaje,
con la fauna que
me envuelve ahora,
con los cafés espumosos,
con la luna al acecho,
el cachorro que despierta,
y con tantas cosas que se apoderan
de un todo que no te incluye?
Será que es evidente el cambio,
sutil no obstante.
Será que no te necesito
y que por eso justamente
te quiero cerca,
será que me he sentido
tantas veces al borde de amores
que no me creo
que lo tenga tan claramente
en realidad.
Será que nada
me es comparable
a cualquier paisaje
donde estemos dos.

lunes, 26 de mayo de 2014

Cuando tú pensabas

Tengo como complemento infinitas palabras acumuladas. Verme convertida en instinto. Olor a niebla. Escucharte tararear desde el baño. La perra que aúlla al vernos. Las emociones primas. Las aspas de tu voz. El café con efecto despertador. Creer que vemos de lejos. La terraza abierta. Que me dé igual hacer lo que quiero. Recoger los abrigos que usaré en invierno. Que exista un Dios en otra galaxia. El peso que eres tú en mi. El efecto de un maullido. El mundo se va a caer un día de éstos. Deducir páginas de libros que aún no leí. Que me hables mientras duermo. Llevamos el cabello suelto. Disimular. Latir. Fluír. No parar de hablar. La clave está en la insistencia. Desear cada vez menos. No estar enamorada de ti por amarte. Pedir siempre los mismos deseos. Romper un vaso que se quiebra. Tu mirada me sonroja. La crema de calabacín. Los calcetines mojados. Los márgenes de las nubes. Caernos al intentar un tango. Me despierta tu risa. Formamos una familia. Arraigamos y arrollamos. Encontramos tráfico. Escuchar. Entender por qué estoy aquí. Dejar de escribir por obligación. El sudor cayendo por algún lejano rincón de mi cuerpo. El vino blanco. El abrazo de un buen amigo. Ocho infinitos. Vamos y venimos. Montañas de temarios. La vida no era tan corta. Pasó el tiempo. Y no regresé. No me arrepentí. O hago menos poesía o la veo en todas partes. Sigo alimentando a veces mis penas. Sentir vergüenza de decir.  Leer doscientas páginas del tirón. Saber arrancar, saber avanzar. Me fui yendo hasta que me fuí.

En millones de siglos la poesía por instinto persiste.

Pero ya no la
necesito, no, 
no la llevo a
cuestas conmigo,
dejo que
me encuentre
estando en casa.
Dejo que resida
en un mundo que
no me molesta,
que a veces me
saca a bailar,
y que a veces,
descarto sin más.

martes, 4 de marzo de 2014

Lírica en la tierra

Cómo decirte
que yo no sé nunca
llevar bien las despedidas.
Siento las arrugas
de tu mano mientras
como mariposa,
se posa en mi mejilla.
El viento te azota
los andares.
Mechones de cabello
se revuelven
entre las esquinas
de la neblina.
Te indica la dirección
que no deberías tomar.
¡De repente,
escucha la música!
susurros de armónica
por los tejados,
restos sonrisas
de alguien aplaudiendo
por la calles..
mi hogar sin techo
que anhela deleitarse
con tus dedos artistas
encima de esa guitarra.
Déjame presentirte,
no me hagas
malgastar este
poco tiempo
que resta,
no ofendes
al provocar al
escalofrío.
Regresa a casa
como si dieras
vueltas por el
espacio,
tuerce de mueca
esa sonrisa
deliciosa,
siente que
la felicidad está
esperándote..
yo al irte
sólamente prendí
un cigarrillo,
ya ves cómo
desaproveché
tu ausencia,
y es que confío
que en uno
de estos
parpadeos,
quizás en el
proximo intento
de volver al río
de lo que es
la vida,
el humo me devuelva
a la hipnosis
de verte venir,
de fijar la vista
en tu andar descalzo,
en tus escritos
por el suelo,
en tus miradas agazapadas,
en ésa boca..
en los maravillosos
muslos huesudos,
en tu ombligo perfecto.
Es la melodía
que tararean
mis pensamientos,
tu amor que me repite,
tu amor que me ciega,
tu amor hiperactivo,
tu amor invariable,
tu amor que
ha conquistado
la defensa de mis palabras
por hasta olvidarme
de usarlas.
No me salves
entonces
de las despedidas,
simplemente,
sigue con la música.